Sofía Muller

Era la década de 1940, y la mayor parte del mundo estaba preocupado por la Segunda Guerra Mundial. Sofía Muller tenía otras preocupaciones. Ella sabía lo que quería ser en la vida: Convertirse en una artista de renombre.

sofia-mullerLa Academia Nacional de Diseño de la ciudad de Nueva York era el lugar ideal para conseguir un entrenamiento adecuado, pero Dios tenía otros planes, y El usó a un simple equipo de evangelistas con trompetas y predicación para lograr captar su atención.

Al principio pensó que eran unos religiosos excéntricos e inexpertos, pero se unió a ellos en un estudio bíblico y pronto aceptó el señorío de Cristo en su vida. En lugar de servir a sus propios intereses, ella quería ahora servir al Rey de reyes. Se matriculó en el Instituto Bíblico Nacional para estudiar la Palabra de Dios.

Dios le dio la carga de alcanzar a una tribu que nunca hubiera escuchado el evangelio. Solicitó el ingreso en la Misión Nuevas Tribus, y en 1944 aceptó un trabajo en las selvas de Colombia. En su camino a una de las partes más remotas de Colombia, en donde este país hace frontera con Brasil, Sofía se encontró con una alarmante sorpresa. Los indígenas que la estaban llevando en canoa dentro de la densa selva, creyeron que iba ahí para hacer hechizos sobre la gente, así que ¡decidieron dejarla a la orilla de un río con sus pertenencias!

Esa experiencia de ser abandonada en un lugar extraño y solitario, ayudó mucho a Sofía en su vida de oración! Nerviosamente oró durante dos horas, hasta que Dios le dio la paz que necesitaba. Dios envió un comerciante que la llevó a donde ella quería estar:

¡En Sejal, un pueblo tribal curipaco! Luego se enfrentó a otro desafío. Como un rito espiritual, un curandero le dio un guiso con el veneno más potente que él conocía para ver si ella sobreviviría. No sabiendo lo que estaba pasando, ella comió el guiso, y sólo vomitó un poco, pero sobrevivió. El curandero estaba tan impresionado que aceptó a Cristo en ese mismo momento. Muller fue advertida de que estas personas la matarían y se quedarían con sus pertenencias. Después de hablarle a ella sobre el amor de los curipacos por la bebida, el baile y la inmoralidad, el comerciante le dijo: “Tú no los vas a cambiar.” Ella le respondió: “Yo no los quiero cambiar, pero la Palabra de Dios lo hará.”

En Sejal, ella conoció al capitán Lapa, el jefe. Después de ganarse su favor, ella comenzó la tarea de alfabetización de los curipacos usando la Palabra de Dios. Las canciones fueron especialmente efectivas; a ellos les encantaba entonar los cantos cristianos, incluso, ¡antes de llegar a entender el evangelio!

Conforme pasó el tiempo, los curipacos comenzaron a comprender el valor de la alfabetización. Mientras tanto, Muller tenía cada vez más fluidez en el idioma de ellos. Se las arregló para reducir el tiempo de formación en cuanto a la alfabetización de dos meses a dos semanas, antes de trasladarse a otro pueblo para repetir el proceso.

Una de las personas claves que ayudó a Sofía con el idioma fue Paulo, quien murió cuando una serpiente lo mordió. La invitaron a presidir sus funerales.

Improvisó una traducción de las palabras de Jesús de Juan 14 en el idioma curipaco. Antes de que ella orara, la madre de Paulo puso su mano en el hombro de Sofía y le preguntó: “¿Cómo está mi hijo?” “El está con Jesús,” le aseguró Sofía a la acongojada madre. Sofía ahora era una más de la tribu.

Muller no pudo cambiar los ritos de la tribu; eso tenía que producirse desde adentro de la misma comunidad. Eventualmente, los líderes del pueblo de Sejal eliminaron las danzas de las borracheras. Cuando ella tradujo porciones de la Biblia en el idioma curipaco, se dio cuenta que la gente simplemente leía las palabras sin entenderlas. Pronto comenzó a hacer preguntas con el texto bíblico en la mano, así que hacían una pausa y reflexionaban sobre el significado.

La labor de Muller enfrentaba oposición de muchos frentes. Primero estaban los curanderos, y luego, los comerciantes que ya no podían aprovecharse de los indígenas quienes estaban aprendiendo a leer y a pensar por ellos mismos.

Más tarde, la guerrilla marxista llegó con la esperanza de cambiar a la gente sobre lo que ellos llamaban la “religión fanática.” Ellos re-introdujeron la bebida y la danza, pero el evangelio estaba ahí para ayudarles. En 1984, un equipo de televisión produjo un video sobre la vida cultural de los curipacos. La limpieza de sus vidas y de sus pueblos contrastaban con las tribus no creyentes. Cuando se les preguntó a los líderes curipacos qué había sucedido, respondieron: “Hace 40 años una misionera nos trajo la Palabra de Dios.”

Referencias:

Relato autobiográfico: Su voz retumba en la selva

La señorita Sofia

Sofia Muller, la mujer gringa que desbancó a los católicos. El tiempo.